Mostrando entradas con la etiqueta partidos historicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta partidos historicos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de octubre de 2009

ITALIA-ESPAÑA 1994 : EL CODAZO QUE NOS ROMPIÓ EL CORAZÓN







La selección española en Europa es como México en América en cuestión futbolística. Siempre con grandes ilusiones previos a un torneo importante, siempre pensando que ahora sí, puede ser la oportunidad de España para estar entre los cuatro primeros. La base de jugadores es muy buena por lo que no hay motivo de fracaso.

Pero al igual que México, a España siempre le pasa algo al momento de la verdad. Si no es la tanda de penales, un falla garrafal en el momento más importante del partido o una desición arbitral que echa a la borda todo lo planeado o conseguido.

Increíblemente la Selección Nacional y la Furia Roja han sido testigos de como un juego clave, ya sea en mundial de futbol, en Copa América o Libertadores para México o en Copa Europea para España siempre termina en lagrimas cuando minutos antes era todo alegría. A excepción del Real Madrid que en estas cuestiones es punto y parte.

La historia de España registra eliminaciones dramáticas que abarcan desde aquella situación descarada contra Italia en 1934 hasta el penal fallado por Raul en el partido contra Francia de la pasada Eurocopa de Naciones.

Pero sin duda, una de las que más han dolido es la que se dio en el partido de Cuartos de Final del mundial Estados Unidos 1994 frente a la "squadra azzurra". Rivales por antomasia, italianos y españoles siempre han protagonizado partidos duros, polémicos y de buen futbol.

El escenario fue el Estadio Foxboro en la ciudad de Boston que aquella tarde del 9 de julio albergó a 55 mil espectadores para ver el clásico europeo.

España venía de un contundente 3-0 sobre Suiza en la ronda anterior mientras que Italia, para variar con muchas dudas por su accionar, había ganado apuradamente ante Nigeria 2-1 en un juego que merecieron haber perdido por la cantidad de fallas frente a la portería que tuvieron los africanos.

Con la estrella de los azzurros, Roberto Baggio, con muchos problemas de lesiones y un equipo que no encontraba confianza en si mismo España parecía tener todas las posibilidades para colarse por segunda vez en su historia dentro de la fase semifinal (la primera fue en 1950 cuando se jugó un grupo único para definir al campeón).

El árbitro designado para silbar este duelo fue el húngaro Sandor Puhl, sin duda hasta ese moemnto el mejor árbitro del mundo por sus excelentes actuaciones en eventos como Liga de Campeones y eliminatorias europeas, y uno de los cosentidos de la FIFA. 90 minutos después ese pensamiento ya no sería igual.

España e Italia protagonizaron un partido típico de cuartos de final de mundial. Aguerrido, con buenas jugadas y con el corazón por delante. Inspirados por el talento de Dino Baggio, Demetrio Albertini y Nicola Berti en la media cancha y con el "Principe" Baggio como hombre de punta acompañado por Daniele Massaro y Giuseppe Signori, los italianos comenzaron dominando el partido con intención de resolverlo en 90 minutos.

Ante un cuadro español desconectado y con dos tarjetas amarillas en los primeros minutos del partido, Italia se fue al frente en el marcador gracias a un soberbio gol de media distancia de Dino Baggio que superó la estirada de Zubizarreta cuando el reloj marcaba los 26 minutos.

Fieles a su estilo los dirigidos por Arrigo Sacchi se tiraron atrás para aguantar la ventaja y matar a España en contragolpe. La Furia Roja tomó el control del partido y poco a poco empezó a inquietar la zaga azul.

Tanto fue el cantaro al agua hasta que se rompio. Con una defensa italiana aferrada a su área España empezó a intentar abrirla con tiros de larga distancia y en el minuto 59 de tiempo corrido un disparo de Jose Luis Caminero, desviado por un defensa batió al arquero Pagliuca y empató el partido.

Con España a la alza e Italia muy disminuida fisicamente, en especial Roberto Baggio, los ibéricos se veían con grandes posibilidades de darle la vuelta al juego y hacer historia. Entonces vino una jugada clave de la cual no tiene culpa ni Italia, ni Sandor Puhl que definió el rumbo del partido.

Italia trató de jugar al fuera de lugar, el delantero español Julio Salinas lo eludió y se fue sólo al arco italiano con balón dominado. Cuando todos en el estadio coreaban el gol español Salinas no supo que hacer con la pelota y terminó estrellándola en la humanidad de Pagliuca que había salido a achicar. Los fantasmas de Cardeñosa y Eloy se hicieron presentes en todos los aficionados de la península. Pero el verdadero fantasma tardaría 20 minutos en llegar.




Esta falla hizo que el juego diera un giro de 360 grados y con una España desmolarizada Italia pasó a dominar el resto del encuentro. Al minuto 88 y con España volcada al frente, un balón rebotado en el área italiana generó en un contragolpe fulminante encabezado por Signori y Baggio. El número 20 azzurro corrió y corrió con el balón, pasó la media cancha y cuando el único zaguero español salió a cortarlo lo cedió a Baggio que venía solo por el otro lado.

Su formidable técnica le permitió esquivar a Zubizarreta dentro del área y golpear el balón hacia la red a pesar de que éste se había alargado considerablemente. La pelota lentamente fue entrando a la valla española aun cuando Abelardo trató desesperadamente de sacarlo en la linea. Italia había vuelto a resolver el partido en los instantes finales, sin merecerlo propiamente, tal y como sucedió ante Nigeria días antes.

España se fue con todo al frente en busca del agónico empate y fue aquí cuando de nueva cuenta, como en Italia 34, esas misteriosas desiciones arbitrales le negaron a la Furia la gloria. Cuando se jugaba el segundo minuto de descuento un centro por derecha de Caminero iba dirigido a donde llegaba Luis Enrique marcado por Mauro Tassotti. Al verse superado, el defensa del Milán le propinó al joven español un salvaje codazo que de inmediato lo mandó al suelo, dentro del área grande. Penal clarísimo y expulsión directa por agresión flagrante. Ninguna de las dos situaciones se marcaron.

Puhl, siempre bién colocado, venía de frente a la acción afuera de la media luna pero hizo caso omiso, así como sus asistentes. En el estadio y en la transmición en vivo todo mundo lo vio. Incluso el árbitro pero sin duda no se atrevió a marcarlo. La jugada se tornó aun más dramática cuando Luis Enrique, con la nariz fracturada y todo ensangrentado fue a reclamarle al húngaro la agresión de Tassotti. Varios españoles también le reclamaron airadamente pero el silbante solo se limitó a marcar saque de banda en favor de Italia.

Momentos después Puhl silbó el final del partido y toda la selección ibérica, incluido Luis Enrique que lloraba inconsolablemente fueron a acechar al silbante. España había sido de nueva cuenta acuchillada y su aventura en el mundial había terminado.

Tassotti e Italia avanzaron a semifinales y luego a la final para caer en serie de penales ante Brasil. Días después del partido de cuartos de final la FIFA suspendió ocho juegos internacionales a Tassotti por la agresión y así como la carrera del italiano con la selección terminó, la participación española en Estados Unidos finalizó prematuramente como en la mayoría de los eventos en que España ha tomado parte.



lunes, 24 de agosto de 2009

EL DÍA QUE "DIOS" SE DIÓ A CONOCER




Hablaremos sobre los Cuartos de Final del Mundial de México 1986 que enfrentaron a la Argentina de Maradona contra la Inglaterra de Lineker. Un partido que pasó a la historia gracias a un jugador llamado Diego Armando Maradona que realizó dos de los goles más importantes de la historia del fútbol; la famosa "Mano de Dios" y el otorgado como "Gol del Siglo" con la emotiva y fantástica narración de Víctor Hugo Morales. Aquellas palabras todavía resuenan en la mente de millones de argentinos..."la va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, puede tocar para Burruchaga... ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta... y ¡Goooooool!... ¡Gooooool!...
¡Quiero llorar! ¡Dios Santo! ¡Viva el Fútbol! ¡golaaaazo! ¡Diegoool!...¡Maradona!...¡es para llorar! ¡perdónenme!
¡Maradona en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... barrilete cósmico... ¿de qué planeta veniste? ¿para dejar el camino a tanto inglés?, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina.... Argentina 2 - Inglaterra 0... ¡Diegol!, ¡Diegol!, Diego Armando Maradona... Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 - Inglaterra 0..."

Y llegamos al momento cumbre del asunto. Argentina-Inglaterra, Maradona contra Lineker, la velocidad y la técnica del pelusa contra el gol del inglés.
El partido se disputaría el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca, Ciudad de México con la presencia de 114.580 personas. El tunecino Ali Bennaceur sería el encargado de pitar uno de los partidos más importantes de la historia.
La primera parte se desarrollaría sin goles, aunque con Inglaterra dominando en el juego, lo que hacía pensar que Maradona debía cobrar todo el protagonismo en la segunda parte.





El segundo tiempo comenzó como se esperaba, Argentina dominaba al principio y a Maradona ya se le notaba metido en el partido. Tal fue así que a penas en los 6 minutos del segundo tiempo, un rechace del defensa inglés Steve Hodge tras un ataque de Diego, dejaba un balón colgado para que los lucharan Maradona y Shilton.

A priori, Shilton tenía las de ganar, pues era un portero de 1.85 metros y que encima podía usar las manos, mientras que Maradona conocido es que carecía de altura. Sin embargo, un pensamiento fugaz que pasó por la cabeza de Diego iba a cambiar la historia. Tal como ha expresado el propio Maradona, extendería su brazo izquierdo a la par que su cabeza con la intención de quitar visión plena al colegiado, y así fue. Diego conseguiría marcar un gol histórico.
Los jugadores ingleses atónitos ante lo ocurrido, veían como el tunecino Bennaceur concedía gol. Así pues, Argentina 1 Inglaterra 0 en el minuto 6 de partido.

Tres minutos más tarde, Diego Armando Maradona realizaría uno de los goles más bellos que se han podido ver a lo largo de la historia de este deporte. Se pegó el balón a su mágico pie izquierdo, regateó a toda Inglaterra dejando sentados a todo aquel que se le ponía por delante, encaró a Shilton...ta-ta-ta-ta-ta y ¡Goool!... como diría el gran Víctor Hugo Morales. Maradona subía en ese mismo momento al olimpo del fútbol, consagrándose como el mejor jugador de todos los tiempos...ante esto, los ingleses ya nada tenían que hacer, no sabían si aplaudir por la belleza del gol o ni mirar a la cara a Diego por lo que tres minutos antes les había hecho.
Mientras Argentina casi celebraba el pase, Lineker hizo acto de presencia y no dejó el partido sin plasmar su firma, el gol.
Finalmente, el árbitro pitó el final, Argentina se enfrentaría a Bélgica en semifinales e Inglaterra, decepcionada y humillada se iría para casa.



lunes, 10 de agosto de 2009

ARGENTINA-PERÚ 1978 : UNA GOLEADA QUE SIEMPRE LEVANTÓ SOSPECHAS

La versión del supuesto soborno para que Perú perdiese el partido ante Argentina en el Mundial de 1978 ha abierto viejas heridas en el fútbol peruano. Esta nueva versión nos dice que estuvo involucrado el Cartel de Cali. La versión del presunto soborno que todos conocíamos no involucraba la mafia colombiana, sino más bien a la junta militar argentina.

El escritor inglés David Yallop publicó en 1999 un libro llamado “How they stole the game” (“Cómo robaron el juego”) en donde relata con mucho detalle los acontecimientos antes, durante y después del partido. Yallop no tiene duda: la junta militar argentina compró a los jugadores peruanos para que éstos se echasen. A continuación transcribiremos algunos detalles que el inglés escribió en su libro sin que esto signifique que sea todo cierto, menos aún que estemos de acuerdo con todo lo que dice. Simplemente es su versión del asunto.

Argentina necesitaba ganar por 4 goles de diferencia para clasificar a la final. De no ser así, Brasil disputaría el título con Holanda. Yallop enumera algunos hechos que considera anormales:

*

Programaron primero el partido de Brasil que el de Argentina. Con esto lograron que los argentinos supieran exactamente qué marcador necesitarían para acceder a la final. Si hubiese sido en simultáneo nunca habrían tenido real conocimiento.

*

El General Videla entró en el vestuario peruano antes del partido. Ver el siguiente video de Oblitas confirmando este hecho.







*

Por primera y única vez en el torneo, la charla técnica de Menotti (entrenador argentino) fue a puerta cerrada, sin el arquero y solamente con los 10 jugadores de campo que iban a empezar el partido.

*

Donación de 35 mil toneladas de grano de trigo de Argentina a Perú 15 días luego de finalizado el Mundial.


*

Descongelamiento de una línea de crédito de US $50 millones a favor del Perú.

*

El técnico peruano pidió jugar con camisetas alternas “para no pasar la vergüenza con la tradicional blanquirroja”.


Los goles llegaron de todas formas en el Argentina Peru del Mundial del 78.Yallop cuenta que el encargado de armar el soborno fue el capitán Lacoste, quien luego del mundial fue rápidamente ascendido a vicealmirante a través de una serie de promociones. Lacoste aprovechó sus contactos con funcionarios peruanos que viajaban con el equipo como parte de la delegación.

Asimismo, Yallop agrega que la nacionalidad argentina del portero peruano (Ramón Quiroga) fue un hecho más que cuestionable. Personalmente no creo que Quiroga se haya vendido, además, los goles que le hacen son más por errores de su defensa que por yerros de él. Yallop asegura haber recogido testimonio en persona de 3 jugadores peruanos que alinearon en ese partido. Cuenta que en los 3 casos, los jugadores (que se mantienen en el anonimato) le aseguraron, cada uno de manera independiente, que les ofrecieron dinero para asegurar un “resultado correcto”.

Verdad o ficción este hecho daña mucho el poquísimo orgullo futbolístico que tienen los peruanos. Ante todo, el fútbol es un deporte y como tal debería estar inmerso en códigos de ética y respeto. Ojalá que vuestros deportistas entiendan esto para que nunca más vuelvan a dudar de vuestra honorabilidad. Aunque esta mancha quedará para siempre.



sábado, 25 de octubre de 2008

EL PARTIDO DEL SIGLO, O COMO LO DIRIAN LOS INGLESES: MATCH OF THE CENTURY

Wembley, año 1953, día 25 de noviembre, la citada fecha del calendario queda grabada en la memoria histórica del foot-ball como la primera gran explosión del fútbol de ataque, las primeras interpretaciones de un fútbol total, que con posterioridad sería utilizado como base de otros muchos equipos legendarios que captaron la esencia y el espíritu de aquella “mística y celestial” selección magyar que destapó el tarro de las esencias en uno de los escenarios más señeros de la historia del fútbol Todo ello ante una selección inglesa dirigida técnicamente por Walter Winterbottom y capitaneada por el legendario Billy Wright.

Un equipo imbatible en su feudo e infranqueable en el mítico estadio de las Torres Gemelas. Cuando Hidegkuti puso la W patas abajo. Era una tarde fría de invierno cuando aquellos míticos húngaros dirigidos por Sebes helaron a los ingleses y les endosaron un duro 3-6 que marcó un hito en la historia de este deporte. Y es que aquel día Hungría saltó al terreno de juego con una delantera formada por Kocsis, Czibor, Puskas, Hidegkuti y Budai, una línea de ataque en formación W (dos extremos y dos mediapuntas asistiendo a Hidegkuti). Hasta ese punto todo entraba dentro de la normalidad pero un cambio de posición en el dibujo táctico volvió literalmente locos a los ingleses y convirtió la excelente línea de ataque magyar en algo sublime, para recordar y para tomar como ejemplo. Y es que en el transcurso del encuentro aquella línea ofensiva en forma de W se convirtió en M, cuando el genial Nandor Hidegkuti retrasó su posición y convirtió a los dos mediapuntas en puntas y a él mismo en mediapunta poniendo literalmente patas abajo la clásica W inglesa nada menos que en la cuna del fútbol y en la catedral del Imperio.

Hidegkuti anotó tres tantos y Hungría barrió del campo a Inglaterra, que no pudo frenar las acometidas de los que podríamos considerar como cinco atacantes magyares. La superioridad sobre el conjunto británico fue abrumadora y los que tuvieron la oportunidad de ver en directo o jugar incluso el partido no dudan en afirmar que el resultado se quedó corto para los merecimientos del conjunto de Gusztav Sebes. El fútbol de ataque recibió uno de los más merecidos homenajes de su historia, la practicidad y los aires de superioridad de los creadores del fútbol quedaron reducidos a cenizas y pese a que los ingleses pretendieron llevarse la revancha en Budapest, volvieron a sufrir el mismo o mayor correctivo encajando un doloroso e impactante 7-1. Por ello no son de extrañar las declaraciones de dos de los protagonistas ingleses que estuvieron presentes en aquel mágico día. Tom Finney, que estuvo en el campo ese día, resumió el partido diciendo que fue como una competición entre “caballos de carreras contra caballos de tiro… Fue la mejor selección nacional contra la que he jugado nunca, un equipo maravilloso de ver con tácticas que no habíamos presenciado nunca antes”. Por otra parte sir Stanley Matthews, otra leyenda británica coincidía plenamente y declaraba lo siguiente: “Fue el mejor equipo contra el que he jugado. El mejor de todos los tiempos”.

Los profesionales que sufrieron aquella tremenda lección de fútbol se tuvieron que rendir ante la exhibición húngara y los 100.000 aficionados que abarrotaban Wembley recibieron una maravillosa lección de fútbol de ataque, de pases largos, cortos, velocidad con balón y sin él y verticalidad. Puskas (el “mayor galopante”) anotó dos tantos y Nandor Hidegkuti, (aquel atípico delantero que se convirtió en el punto de apoyo del equipo), tal y como hemos citado anteriormente anotó un ‘hat trick’. Kocsis y Puskas lanzaban al equipo desde las posiciones de interior derecho e izquierdo respectivamente y Nandor dejaba patente su visión y profundidad. Para muchos expertos la citada selección está considerada como la mejor o una de las mejores de la historia superando incluso a la mítica selección de Brasil de 1970 y es que como muchos apuntan acertadamente Hungría revolucionó el fútbol en aquella tarde. Mítica formación. La irrepetible selección dirigida por Gusztav Sebes fue la formada por: Gyula Grosics (1), Jozsef Bozsik (5), Mihaly Lantos (4) y Jeno Buzanszki (2); Jozsef Zakarias (6) y Gyula Lorant (3); Zoltan Czibor (11), Sandor Kocsis (8), Nandor Hidegkuti (9), Ferenc Puskas (10) y Laszlo Budai Jozsef Toth (7). A ellos habría que unir también los nombres de Jozsef Toth (16), Peter Palotas (19), Mihaly Toth (20) y Ferenc Szojka (15) entre otros. Por su parte la Selección inglesa saltó al terreno de juego con la siguiente alineación: Gil Merrick, Alf Ramsey, Bill Eckersley, Billy Wright, Harry Johnston, Jimmy Dickinson, Stanley Matthews, Ernie Taylor, Stan Mortensen, Jackie Sewell, George Robb. El encargado de dirigir el encuentro fue el holandés Leo Horn. Los goles fueron anotados por Puskas (2), Hidegkuit (3) y Bozsic por parte húngara y por parte inglesa Jackie Sewell, Mortensen y Alf Ramsey.

Se adelantó en el marcador Hungría por medio de Hidegkuti y luego Inglaterra puso las tablas gracias al gol de Jackie Sewell, pero a partir de ahí Hungría aplastó literalmente a un conjunto inglés que se vio ampliamente superada por el eléctrico ataque del ballet húngaro. Gran enseñanza. Aunque a priori pudiera pensarse que aquel 25 de noviembre de 1953 haya quedado grabado como una noche negra para el fútbol inglés, la mayoría de los historiadores y los ingleses que estuvieron presentes en aquel histórico partido no lo recuerdan como una tarde triste puesto que por encima de todo y dando una vez más ejemplo de su deportividad, consideran que es un orgullo y no una humillación para ellos el hecho de haber albergado en el verde tapete de Wembley aquel mágico partido en el que Hungría que llegó a disparar 35 veces a portería, por las cinco de Inglaterra, comenzó a cambiar muchos conceptos del fútbol. Sin duda aquellos endiablados y locos húngaros sentaron cátedra en la historia de este deporte.


jueves, 23 de octubre de 2008

EL MARACANAZO




Si alguien hiciera en alguna ocasión una clasificación de las mayores sorpresas de la Historia del Fútbol, el segundo puesto estaría muy disputado: la eliminación de Italia por Corea en el Mundial ’66, la final de la Copa de Europa del año pasado, la victoria de Camerún sobre Argentina en el partido inaugural del segundo Mundial de Italia… hay muchos partidos que se harían acreedores a esa distinción. Sin embargo, siempre que a un buen aficionado se le pregunta cuál es el paradigma de resultado increíble, de algo que no podía ocurrir y ocurrió, una palabra acaba surgiendo: el Maracanazo. La final de la Copa del Mundo de 1950.

La selección brasileña que se presentó aquel día del Carmen en Maracaná lo tenía prácticamente todo. El mejor ataque del fútbol mundial, con el atildado y genial bigotudo Ademir de estrella (nueve goles en cinco partidos del campeonato) apoyado por los sensacionales Zizinho y Jair; Barbosa, quizá el mejor portero desde el Divino Zamora, bajo los palos; una defensa con Juvenal y Augusto, que se califica simplemente con decir que el suplente de este último era Nilton Santos; una versión del 3-4-3 llamada “la diagonal” con la cual habían desarrollado el juego más hermoso jamás visto hasta entonces, ¡trece goles! en los últimos dos partidos de la fase final; 220.000 hinchas enfervorizados apoyándoles, que llevaba en el campo casi ocho horas, ataviados para la ocasión con las camisetas de Brasil Campeón del Mundo… Y por si fuera poco, por el sistema de liguilla adoptado para la ocasión que generó no pocas polémicas, el empate les hacía campeones.

Como víctimas propiciatorias, a priori, esperaban los uruguayos. Sí, tenían al finísimo Pepe Schiaffino, killer impenitente, y el poderío del Negro Obdulio Varela (foto), y la rapidez del extremo Alcides Gigghia, y al poderoso Tejera atrás, más el plus de garra de la camiseta uruguaya; ese país donde, dicen, los bebés gritan gol antes de comenzar a hablar. Pero las perspectivas no eran halagüeñas: a la final les había llevado un empate in extremis con España y una inmerecida victoria ante los suecos, a los que los cariocas habían barrido por 7-1. Tenía aroma a boutade la frase de Obdulio antes de comenzar el encuentro, dirigida a la nube de periodistas que se afanaban en captar la imagen de los locales: “Vénganse, que los campeones están acá…”.

Cuando el colegiado inglés Reader da el pitido inicial, el equipo carioca se lanza en tromba sobre la meta de Máspoli, que resiste duramente la primera acometida. El zaguero Matías echa el cierre, Obdulio se convierte en la sombra de Ademir y poco a poco el fútbol plomizo y aparentemente cansino de los uruguayos, lleno de técnica y sentido de la pausa, aquieta el ímpetu brasileño. La multitud ruge incómoda, pues los encuentros anteriores habían sido resueltos por la vía rápida para dejar paso al arte y la exhibición. Hoy, ni Bauer ni Jair se ven capaces de llevar la manija, Zizinho está desaparecido y el equipo da sensación de impotencia. No hay goles cuando los jugadores se retiran, preocupados los locales, más sonriente el combinado charrúa.

Comienza el segundo tiempo con el mismo aspecto que el primero, con la canarinha volcada sobre el portal uruguayo, y a los pocos minutos un toque de balón de Jair habilita al extremo Friaca, que cruza la pelota magistralmente y provoca el delirio en las gradas y en todo Brasil. Pero en medio del griterío Obdulio Varela toma la pelota, anda pausadamente hacia el centro del campo, protesta al árbitro, habla con sus compañeros, para el partido, hiela el ambiente… Cuando tras cuatro minutos se reanuda el choque, ya no quedan restos de la euforia y el momento mágico ha pasado.

Son veinte minutos en los que los uruguayos imponen su ritmo, y, paradójicamente, sienten que Brasil no es inabordable. Morán y Míguez estiran el campo, Bigode sufre con Gigghia y Schiaffino empieza a sacudirse el marcaje de Danilo. Y finalmente, llega lo que el silencioso estadio ya prefiguraba: Gigghia gambetea en córner y cede atrás para que el Pepe enganche un cañonazo que limpia la escuadra de Barbosa e iguala la contienda. Sólo se advierte estupefacción en los rostros de futbolistas e hinchas cariocas; aunque estos últimos, quizá reparando en que este resultado aún les da el título, alzan la voz al grito de ¡Brasil, Brasil! Pero los amarillos están sucumbiendo ante el poderío físico de Uruguay, que nota el haber jugado una fase previa de un solo partido ante un rival insignificante (8-0 a Bolivia) frente a tres de los brasileños. Sin embargo, todavía tienen arrestos los locales para una oleada agónica que les lleva a disfrutar de varios córners consecutivos, todos desperdiciados.

Era la última oportunidad en un partido cuyo destino ya era visible. Y así, a diez minutos para el final, el Negro le da la bola a Gigghia, este profundiza, distrae a Barbosa preparando un centro ficticio, y se saca un lanzamiento a puerta seco y criminal que pasa entre poste y portero y se va a la red. Es el final, Uruguay ha ganado.

Lo demás pertenece ya quizá más al terreno del mito que al de la realidad, o quizás a los dos. La torcida llorando en medio de un silencio sobrecogedor, luto en todo Brasil, suicidios, Jules Rimet entregando la Copa solo con el capitán en los vestuarios, los más fanáticos intentando linchar a los futbolistas brasileños, el gran Obdulio en la noche de Rio tratando de consolar a los vencidos y bebiendo con ellos, Barbosa llevando el estigma del culpable para toda su vida…

Uno de esos días en que, como dijo Hugo Presman, la vida se sentó a tomar un café con la Historia.

ALINEACIONES. Uruguay: Máspoli, González, Tejera, Gambetta, Varela, Andrade, Gigghia, Pérez, Míguez, Schiaffino y Morán. Brasil: Barbosa, Augusto, Danilo, Juvenal, Bauer, Bigode, Friaca, Zizinho, Ademir, Jair y Chico.

SECUELAS DEL MARACANAZO

Tras perder por 2-1 ante Uruguay el domingo 16 de julio el partido decisivo del Mundial 1950 en el estadio Maracaná de Río de Janeiro la selección de Brasil entró en un luto que la hizo no volver a jugar un partido hasta pasados dos años del hecho. Inclusive, a partir de ese momento, dejó de utilizar su tradicional conjunto de medias, pantalón y camiseta blanca con puños y cuello azul el cual venía usando desde sus comienzos.

Cadena perpetua
"En Brasil la pena que la ley establece por matar a alguien es de 30 años. Están por cumplirse 50 de aquella final y yo sigo encarcelado: la gente todavía dice que soy el culpable".

Moacyr Barbosa
[arquero de la selección brasileña en el Mundial 50]

Ni olvido ni perdón
"Si no hubiera aprendido a contenerme cada vez que la gente me reprochaba lo del gol, habría terminado en la cárcel o en el cementerio hace mucho tiempo", reveló en una de sus pocas apariciones públicas Moacyr Barbosa [arquero brasileño en el Mundial 1950] antes de conmover a la audiencia televisiva al narrar el episodio más amargo de su larga cadena perpetua: "Fue una tarde de los años 80 en un mercado. Me llamó la atención una señora que me señalaba con el dedo, mientras la decía en voz alta a su chiquito: Mirá, hijo... Ese es el hombre que hizo llorar a todo Brasil".

Cumplidos
Antes de que salieran al campo de juego del Maracaná para afrontar el partido decisivo del Mundial 50, dirigentes de la Asociación Uruguaya fueron al vestuario y le dijeron a sus jugadores que venían a brindarles todo su apoyo y que estaban orgullosos de ellos, pero que no se expusieran a una vergüenza como que los llenaran de goles. Con que sólo les conviertan cuatro estaba bien, que jugaran tranquilos, que ya estaban cumplidos. A lo que Obdulio Varela contestó: "Cumplidos... solo si somos campeones".

Partido con mayor asistencia
El partido con mayor asistencia en la historia fue el encuentro decisivo del Mundial 1950 entre Brasil y Uruguay.
Para él fueron pagas 199 854 entradas, además se sabe que esa tarde en el Maracaná hubo unos pares de miles de espectadores más.

Me la veía venir
Tras la concreción del segundo gol uruguayo en el partido decisivo del Mundial 50 el comentario de Ary Barroso para una de las emisoras más escuchadas de Brasil fue el siguiente:
- Lo sabía... Yo lo sabía... Yo ya lo sabía...
Se levantó, dejó de transmitir y se fue. Al día siguiente anunció: No relato más. Y cumplió.

Dame fuego...
Corrían los años 80 cuando, en vísperas de una remodelación, el administrador del estadio Maracaná le regaló a Moacyr Barbosa [arquero brasileño durante el Mundial 1950] los palos y el travesaño del viejo arco fatídico. Antes de comprobar si se trataba de un gesto afectuoso o de otra burla no dudó en sacar provecho de la jugada. Convocó en su casa a los pocos amigos que le quedaban y una vez que la mesa armada el patio se pobló, el anfitrión ceremonioso y resuelto le dio fuego a los maderos, todavía pintados de blanco, y remató el pequeño exorcismo con una parrillada.

A la heladera
Tras el tanto convertido por Friaca en el partido decisivo del Mundial 1950, Obdulio Varela reaccionó de una manera extraña: con el balón bajo el brazo se dirigió hacia el juez de línea y el árbitro donde pasó casi dos minutos hablando con ellos.
Según él mismo explicó, trataba de enfurecer a los rivales y enfriar el partido: "Los brasileños estaban furiosos, la tribuna gritaba... un jugador me vino a escupir, pero yo, nada, serio no más. Cuando volvimos a jugar, ellos estaban ciegos... no veían ni su arco de furiosos que estaban".

Por si las moscas
Pasados "tan sólo" 44 años del Mundial 1950 Moacyr Barbosa, arquero brasileño durante el torneo, ya viviendo de favor en la casa de una cuñada y sin más ingresos que una jubilación miserable, fue a la concentración de Brasil a brindarles aliento y a desearles suerte a los jugadores que se preparaban para el Mundial de EE.UU. 1994. Pero esto no le fue posible, las autoridades le prohibieron la entrada: no sea cosa que traiga mala suerte.

"Sólo ha habido tres personas capaces de hacer callar Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo". Alcides Gigghia.

TODOS SENTIMOS LA MALA SUERTE DE BRASIL AL NO GANAR EL CAMPEONATO QUE TANTO MERECIO.PERO EN LA DERROTA,LOS BRASILEÑOS ELEVARON SU ALTURA COMO PUEBLO HASTA DONDE NO HUBIERAN ALCANZADO DE HABER SALIDO VICTORIOSOS.ACABA DE ENCONTRAR UNO DE ESOS RAROS MOMENTOS EN LA VIDA,CUANDO UN PUEBLO ENCUENTRA SU ALMA,CUANDO UNA NACION SE SUPERA A SI MISMA.BRASIL FUE MEJOR EN LA DERROTA DE LO QUE LO HUBIERA SIDO EN LA VICTORIA.